Naked Lunch

Naked Lunch
Chord Planting

Thursday, June 30, 2016

CALLE 17

Nuestra ciudad es un gran corredor. Un pabellón que económicamente se abastece de transeúntes por un fluido regulatorio sine qua non para el nacimiento de nuevos códigos, argotes, comportamientos, cosmovisiones, comercios, cultura, ocio.

En esta ciudad y como en cualquier otra del mundo, el día y la noche nos propone ciudades emergentes dentro de otras. Como un fractal, una iteración matemática. Un Tema con Variaciones. Hablaré de lo que ocurre en la noche y en una zona particular de la ciudad, un sector de la misma con una productividad gastronómica y de entretenimiento importante para la localidad. Granada. Entre una de sus manzanas, entre una de sus cuadras, en la calle 17 norte entre avenidas 8ª y 9ª norte para ser específico.

Soy un músico de la zona que hace parte de esa articulación con todo eso “otro” de aquella calle. Drogas, sexo, pudor y lágrimas. No obstante sin satanizar aquello pues el aporte que hace a La Calle genera una sinergia única reinventando ésta el concepto de noche, de currulao, de fandango. Ella sugiere un ritmo. Un tempo. Y todos danzamos a ese compás. Hay cifras violentas. Otras conmovedoras. Incluso paranormales. En 7/8 si se le antoja.

Empezaré con el participante más activo de La Calle. Manuel. O "Manolito", como ya le digo después de un tiempo de compartir la misma calle. Han pasado tres años desde que se asomó por primera vez. Sentado en las gradas de lo que en el día era un gimnasio pero que en la noche lucía más bien a diáspora zombi, Manolito empezó a interactuar. Yo soy músico del lugar hace cuatro años larguitos y he podido presenciar cómo arriban, emigran o encallan transeúntes incógnitos. Individuos que pueden ser cualquiera. Con miradas furtivas miraba entonces a Manuel, expectante al movimiento del sector.

Un día aleatorio como suele suceder, tropezaron nuestras humanidades. Su semblante, igual como luce ahora. En mi mente permanece igual. Un hombre muy elocuente, ocioso, orgulloso, elocuente. Buen semblante para habitante de calle. He tenido la oportunidad de compartir e interactuar con gente de la calle por circunstancias de la vida y Manolito es un callejero nato. Nacido en un sector marginal de la ciudad y como sus líneas lo han narrado, “Pude haber sido otra cosa pero he sido más bien curioso oís”. Por supuesto en nuestros primeros encuentros Manuel no era tan abierto. Su historia me la ha ido contando de a pedacitos debido al roce laboral que tenemos en La Calle donde él, Manuel, eligió ser activo y yo pasivo. Una vez se lo dije. Nos merecemos estar donde estamos. Su reacción al comentario no fue tan asentida y espero que me disculpe si lo ofendí. Solo sentí confianza al decirlo y no soy nadie para afirmar algo como eso. Pero tengo mi criterio acerca de los roles que desempeñamos en la sociedad. Ella va produciendo lo que necesita. No existiría toda una industria del reciclaje sin alguien que esté dispuesto a reciclar por poner un ejemplo. Manolito no es reciclador en lo absoluto. O no ha llegado a contarme esa parte. Aunque su carácter no le daría para ejercer tal actividad.

La Calle poco a poco fue incorporando a Manuel a su mecanismo jornalero. Claro que si él no hubiese querido La 17 simplemente lo va barriendo. Como ha pasado con otros. La vacante se da por rebote y Manolito aprovechó éste. Es un hombre de costumbres propias de una enfermedad la cual padece. Consume bazuco, crack, o “Maduro” como él le llama a aquella pasta de cocaína rebajada con marihuana, receta de su predilección. Manolito ya maduró. Tiene 47. Ya estuvo en la cárcel y con una fundación rehabilitándolo de malas mañas mas no de la que se suponía dejaría. La Enfermedad es así. No obstante, su voluntad aun tiene coraje para hacer dieta. Hay días que está sobrio como predicador de domingo pero es cuando el “enemigo” más ataca. “Pipe hoy no bajé a almorzar a la Olla porque cuando voy termino haciendo otras cosas parce y pues ya sabés que allá es donde está el comedor comunitario”.

La Calle ha dejado que Manuel entre al clan de la vigilancia cuidando los carros que se estacionan en ella en turnos intermitentes cuando hay rotación de público. Pero al ser un empleado, lo que factura en parqueos, un porcentaje va para el “dueño” de la cuadra y otro para sus bolsillos. Se ha dado cuenta, incluso le enorgullece poder con esa plata comprarse un desayuno o lo que se le antoje. “No tengo que pedirle misericordia a nadie. Si me da la puta gana voy y me trabo. Hoy no he comido pero es por decisión propia. Y no porque no tenga con qué”. Son algunos de sus comentarios cuando conversamos entre las salidas que hago en el bar donde toco.

Manolito una vez intentó prenderle fuego a una señora que vende dulces en silla de ruedas. “¡Ella se lo buscó! Pipe, vos no sabés cómo son vueltas parce”. Me dijo cuando le insinué un llamado a la cordura. Atrevido yo. Hay cosas, muchas cosas, que se escapan del entendimiento provocando malestar en otras personas al suponer entender una situación. No sabemos nada de lo que ocurre. Ni siquiera sabemos nada de la Guerra. Y así criticamos un proceso de paz apenas incipiente. No tenemos idea de estar en la selva. Creemos entender el conflicto pero no. ¿Por qué fui tan imprudente al esbozar una mueca con respecto al comportamiento de Manuel hacia la señora de la silla? Mientras musicalizo gente me pierdo de un ochenta por ciento de lo que ocurre en esta calle. Menuda selvita.

Manolito es todo un personaje. Un outsider que genera tejido social en todo el sentido de la palabra llegando al estado de okupa instalándose en una casa abandonada de quinientos millones de pesos con nomenclatura sobre esta 17. Como todo un emprendedor montó parqueadero de motos en el antejardín de aquella casa. Me cuenta que una vez llegaron unos funcionarios públicos a inspeccionar el lugar, y una abogada le dijo “¿Cómo vamos ahí? ¿Tiene cómo demostrarnos que usted es el habitante de la casa?” Manolito le dijo que no ha firmado nada con nadie pero él es el que la ha cuidado evitando que se metan más indigentes o ser desvalijada por ellos. Por lo tanto no ve por qué no hacer algo de platica extra con el parqueadero de motos. “¡Abogada malparida!” Dice.

A veces Manolito en su alienación, se trastorna al pensar que su disposición de reinserción ciudadana no es correspondida como él espera. Mientras por cada carro cobra cuatro mil pesos y en una noche buena en La Calle puede haber un flujo entre 20 y 30 vehículos para un recaudo promedio de cien mil pesos, Manolito se jacta diciendo que en un atraco que puede durar diez segundos se hacía la misma plata o hasta más. Sin compartir el botín con nadie. ¿Y el riesgo? Le pregunto. “No es tanto”, responde. “Un día malo-malo y pa`fuera”. Conversando, conversando, se rasca sus extremidades y puedo observarle cicatrices en sus brazos, rostro y abdomen. Una especie de caligrafía tallada por la madre calle a través de su historia. Cada anotación en su agenda de piel le recuerda una advertencia. Aprendizaje neto.

“Sin sentimentalismos ni dramatismos chimbos pero a veces quisiera dormirme y no despertar Pipe. Estoy mamado parce. De las personas, del sistema, de mí. Pero hay gente que vale la pena. Ustedes por ejemplo”. Refiriéndose a nosotros los de la banda. Hago una mueca. No es que me sienta un ejemplo de persona. Pero si le inspiramos algo positivo al hombre, que a su pesar, la vida le pareció debía estar en ese ángulo de la sociedad para hacer contrapeso, viene bien. Todos somos fans y tenemos uno a la vez.

Como la música, La Calle tiene su forma. A-B-A. Se expone el tema principal, una variación o interludio y al final reitera el tema. Cada noche suena. La misma dinámica pero interpretada distinto. La 17 tiene sus jerarquías establecidas sin embargo nadie sabe para quién trabaja reza el famoso adagio. Y aquí es donde entra Ramiro, un lugarteniente o calle-teniente con el cual me relaciono en mi jornada, quien tiene gente a su cargo para el cobro del parqueo. A él es que llega lo facturado de la noche y es quien redistribuye el dinero a sus empleados. Este tipo de profesiones es bastante peculiar. ¿Cómo llega una persona a ser la dueña de una cuadra o fracción de la calle? ¿Qué hace ganarse el respeto de los demás en algo tan informal?

Ramiro para ganarse su puesto como calle-teniente empezó haciendo mandados a los vecinos del lugar y siendo comedido en tareas varias a cambio de confianza y unos peniques. Lo de más valor para Ramiro era ganarse la confianza de los del sector. Propietarios de viviendas, empresarios, oficinistas etc., le encomendaban cada vez más responsabilidades haciendo su reputación favorable así mismo dándole cierta autoridad para dirigir personal buscado por él o referenciado por otros en pro de delegar funciones al servicio de la comunidad. Ramiro es un „culebrero‟ que llaman. Significa que hace de todo. Un todero. Cuando él ya iba teniendo gente en la que podía depositar la confianza de la gente que lo acogió en el principio pudo dedicarse a otras empresas. Como ser mensajero de droguerías y en festividades puntuales de la ciudad, algún negocio emprendía. La Feria de Cali por ejemplo la trabajaba con disciplina y en cualquier ratico pasaba por La Calle a supervisar.

Su oficina es un kiosco de golosinas que pertenece a una señora participante de este corredor de La Calle y desde ahí dirige toda la operación. Tiene una hija que canta música de despecho. Una vez me mostró una grabación de su celular. Le recomendé clases de canto. Es un hombre todo bonachón y diligente. Pero conoce la calle. Adjudicado tiene su título.

De las personas que tiene a cargo Ramiro hay uno en especial, un pelao que conocí haciendo su transición de niño a adolecente el cual empezó trabajando con su papá en el negocio de la informalidad vendiendo dulces, minutos y cuadrando vehículos en la cuadra vecina por donde transito yo sobre la misma calle 17, pues su papá es el calle-teniente designado por sus habitantes e itinerantes, el homólogo de Ramiro y de los tantos calle-tenientes que puede tener cada cuadra de Granada. En ese entonces el muchacho se portó mal y la misma cuadra lo barrió desplazándolo a la de al lado, adoptado por Ramiro. “¿Quién es más poderoso? ¿Goku o Vegeta? Respóndame Lucho. ¿Goku o Vegeta? ¿Lucho, me va a traer fresco? Bien Lucho”. Nunca le he dicho mi primer nombre, Luis, tal vez por eso no le veo problema que me llame así. Todo bien Monchito. De una. Ahora te saco limonadita me voy diciéndole las noches de fin de semana dando pasos con mi guitarra hacia el bar.

Monchito se hizo notar una vez que salí a fumar a la caseta de la señora donde Ramiro tiene su despacho, eso ya hace ratico, cuando de la nada y sin ningún motivo empezó a darle de cabezazos a un Pare como si fuera macho cabrío asustando a la gente que pasaba y haciendo que llegara la policía a detenerlo. Su histeria era tal que los oficiales se lo llevaron. Lo regresaron horas después. En ese tiempo andaba limpio. Ni siquiera lo veía fumar cigarrillo. Otro forastero para mí y yo para él. Ha ido mimetizándose con el asfalto permeándose de los gajes del oficio con proyectos de vida importantes en su carrera de habitante de calle. “Yo me cogí una repisa de por ahí que la habían dejado y ya me la lleve para mi cuarto” dice con orgullo. El cuarto de Moncho es justamente uno que escogió de la casona donde vive Manuel y ya son dos los okupas que la protegen. Cuando Monchito se enrumba, enrumba a Manolito y la pasan de lujo. La jornada laboral es más proactiva. Manolito podría ser el papá de Monchito. “Ese mariquita un día de estos…” Manolito alegando.

“Me gusta la marihuana pero la de punto porque la cripin me enchoncha. Me deja tirado. Y se me vuelan los carros. Lo más rico es ir a la panadería y comprarse un salchichón gigante para la gorobeta. Lucho, ¿Enseñame a tocar? Yo puedo hacer eso”. Una vez Ramiro lo castigó por descuidado no dejándolo camellar una noche. “Al chino hay que dirigirlo. Trabaja bien pero se le corre".

En el caserón domicilio de Manolito y Moncho se ha visto otro habitante. Eso dicen algunos videntes del sector. Uno sin rostro que se refleja en los vidrios que todavía tiene la vivienda. Yo todavía no veo nada y a veces paso el rato en la oscuridad de la propiedad remojando un pucho en café a coro con mis compañeros músicos. Lo que vemos son ratas y cucarachas. Debe ser el mismo espanto que asusta a los meseros del bar donde nos presentamos contiguo a la Casa Tomada. A los muchachos de la banda los han asustado también cuando suben al segundo piso que durante la jornada nocturna permanece solo. Tiene cuartos llenos de cachivaches, cristalería, equipos de restaurante e insumos. Se ha vuelto un aquelarre según cuentan sus empleados. Estas casas gigantes de Granada suelen ser asustadizas. Si en verdad hay un alma en pena, a lo mejor es la de algún propietario embargado por el banco inconforme por invasores al predio abandonado, otrora suyo.

La Calle una vez cobijó a Manolito con un romance si bien efímero, obsequió una leve brisa a su rutina callejera, ruda y hasta cruel por las mismas leyes de la física y de la biología. Compañía femenina bien venida que lo cuidó en patologías varias como la de su apéndice o vesícula biliar que últimamente le han vuelto a pasar factura por la inmunodeficiencia adquirida a través del tiempo como viandante. Manolito soltándome una de tantas me contó cómo le propinó dos puñaladas a su compañera por infiel. Su relato suena a ficción por los detalles. Le cae una lágrima. No logro interpretarla. “La conozco hace nueve años Pipe. Amo a esa mujer. He robado por darle un desayuno. ¿Y la perra me traiciona? Tome lo suyo…tin, tin”. La tragedia que tiene por romance Manolo lo deprime hasta el suicidio. Ella va y viene. Va y viene. Así como aparece desaparece. Durante el tiempo ausente Manuel no sabe si está muerta o qué. Por estos días regresó de una pequeña gira por la capital pasándosele por la cabeza a Manolo matarla. “Ayer tomamos alcohol con sandi, a ella le gusta, y ya chirriados me dijo: ¿No te da miedo dormirte Manuel? Sobándose la cicatrices del pecho parce. O la quemadura del aperitivo jeje”.

Manolito sabe que su amor se acuesta con otros hombres en sus fugas. “Hay que suplir necesidades. Hay hembras Pipe que... pero sabés qué sí me da vaina, las niñas parce. Cagada. Por una papeleta que vale trescientos pesos te lo dan. Chupe mami y no me bese. Solo mame. Uy parce bien drogo sí que es rico eso llave. Se consume para vivir y se vive para consumir. Sin sentimentalismos ni dramatismos chimbos”.

La historia de Manolito como hijo de sus padres no fue convencional. “¿Tenés un cigarrillo que me regalés?” Preparando la tertulia de la jornada. “Fui una caspa con los cuchos socio. Hasta bien merecido lo que me ha pasado en estos años”. Manuel catártico me cuenta que mientras su papá moría él andaba drogado por ahí y que cuando apareció por la cuadra por donde vivía tocó en la casa de sus papás para abastecerse llevándose algo para vender y calmar la carencia de droga. “Manuel, a su papá lo están enterrando” le grita un vecino.

También he estado en el juicio furioso de Manolito por otro de mis comentarios volátiles y no es para menos, en una oportunidad de esas que él detesta, pedir, me pidió el favor de regalarle algo de dinero y yo abriendo mi cartera le mostré dos billetes. Uno de mil pesos junto a otro de cinco mil. ¿Manolito, cuál te merecés de estos dos? Increpé. La intención era otra. Educativa quizá. Pero debo asumir que ciertos lugares, momentos y personas dependen de susceptibilidades propias de una situación particular y no supe medir eso por la misma razón de estar en una ciudad donde por cada esquina, hay alguien pidiendo plata a cambio de una pirueta y ese día ya había donado mucha. Fue un encuentro con mala suerte para ambos.

Me es difícil entrevistar a toda La Calle. Pero sí aprovecho una situación. Un momento de interacción. Entre los outsiders que me han impresionado con el que hice un intercambio rápido porque justo en ese instante subíamos a tarima, ha sido bendecido por los dioses, expulsa fuego de sus entrañas. Mitad dragón mitad humano, va por las calles conflagrando la noche con su cría mientras su esposa capta lo que puede de dinero o algún rubro por el espectáculo. ¿Qué pensará una niña y un niño al ver que su padre va botando candela por la boca? ¿Cuál será el proceso cognitivo y sicológico? Tiene que ser una figura grabada en sus mentes con un simbolismo único la cual influirá en sus inconscientes adultos. ¡Tremenda experiencia!

Al hombre dragón se le enciende el pecho y emana hidrocarburos por sus poros. “¡Ardería en fuego por ellos! ¡Los amo! Ya tengo lo de la pieza y el desayuno. Lo que siga haciendo ya es ganancia. ¡Cada trago es una victoria para mí! ¡Para ellos! ¡Es por ellos!”. Me extiende una mano y me presenta a su esposa que está a unos metros mirando a la nada esperando a ser alcanzada por él. Veo su cuello lastimado. Habla con una voz ronca muy posiblemente por el exceso de átomos de carbono que ha ingerido en su sistema. O es una coloratura propia de su voz. En todo caso tanto hacer gárgaras con ese líquido inflamable de pronto ha rasgado sus cuerdas. Cavilo. El hombre es una refinería completa. Trastea recipientes cargados de combustible los cuales enarbola junto a lo que parece una antorcha escupiéndola con fuerza haciendo una gran llamarada, un fogaje. Le di una palmada en uno de sus brazos aceitados y subí a dar mi show también. Mientras dejaba sonar unos acordes en mi guitarra, vi por el ventanal desde la tarima al dragón, bebiendo su cáliz de fuego, el hisopo de Cristo, viviendo cada instante, haciendo su propio peso, haciendo tejido social absoluto.

Don "Helio", un viejito que tiene un timbre de voz como si tuviera un tanque de este gas en lugar de pulmones, la señora de la silla casi incendiada por Manolito por asuntos de calle, "Tito", un niño que acaba de arribar buscando acuñarse en La Calle, que toma clases de guitarra y bongos en nuestros intermedios musicales, el "Mejicano", el "Poeta", el "Diabético" y una prostituta que desapareció sin dejar rastro la cual aportaba mucho al movedizo corredor, Son de los outsiders que como yo y cualquiera que se deje caer por la calle 17 urbanizan y decoran cada uno de sus rincones incógnitos, antropomorfos, ninguneados en donde al salir el sol ni siquiera a los espantos agradables son.

Sunday, July 12, 2015

Salmodia Diabólica

Para burgundios acentados en el trópico.


Tiempo, lugares y personas. Es lo que yo he aprendido en áreas diferentes a la música pareciéndome un sano ejercicio aplicable a la misma.

¿Qué es ser un profesional de la música? ¿Un criticón? ¿Un ilustrador de la pseudo? ¿Un sicólogo de la ciencia de la grabación? ¿Un gurú? ¿Un religioso ortodoxo de género acaso? Pues todas las anteriores. Cualidades humanas innatas paradójicamente esbozadas a través de la especialización de un arte u oficio el cual hemos emprendido para así ufanarnos del conocimiento adquirido. Pura salmodia diabólica. Profesionalización hecha carne. ¿Pero no es esto precisamente lo que nos optimiza? Es un hecho. Por eso la objetividad. Y la sangre mal decantada. Algo de birria para el hígado que está por resentirse.

Soy un músico de bar. Más específicamente de cantina. O músico en potencia me dijo un amigo. Una nostalgia rockera en la habitación de los corotos. Se me aguó el ojo. Perdonen. Versiono a Juan Gabriel, Vicente Fernández, Rocío Durcal, Yuri, Marco Antonio Solis, entre otros. El formato es de rock. Pero las quintas paralelas las cambio por sextas y movimiento más corto entre las voces. No hay para brass ni cuerda. Todo un exilio. Mi banda es una ventisca suave de rock mientras caminamos hacia la tarima entre los clientes y los nachos. Una vez suenan las baquetas todo se vuelve surreal. Una rata de dos patas emerge. Suenan los arreglos. Deberían pasar a escuchar un vallenato o un corrido con bajo, guitarra y batería. Algunos arrugan la cara diciendo “¿Dónde está el mariachi?” mientras otros se preparan para ser fusilados con la melodía. Hay de todo. Entre la gente hay de todo. Desde ingenieros con cara de Platón y docentes de la música hasta sordomudos aplaudiéndome. Igual, no sonrío. Hay una dicotomía interior por lo confuso de la situación. Pero cada acorde está sonando con rigor. Los enlaces procurados con dinámicas reguladoras modelando. Rancheras a conciencia. Una necesidad creada a cambio de sueldo fijo. Mercenario. Presto al ensayo.

Música. Sí que es difícil catalogarla. Músico, más sectorizable. Adjetivo que califica al sustantivo determinando lo bueno y lo malo a priori con juicio subjetivo por no decir acomodado a saber:

Tiempo.

Hay un orden del día. Época que llaman. Los 80’s viven en nuestros corazones. Aunque  los lentes de sol estén de moda.

Lugar.

Oiga, mire, vea y toque.

Personas.

No hay. Hay clientes.

Este oficio tiene muchos campos de acción que en mi iniciación musical nunca se me pasaron por la cabeza podían ejercerse. Estamos los que tocamos, los que tocan vendiendo, los que se tocan, los que graban a los que tocan, los que no tocan donde se graba, los que graban y graban, los que creen que graban, los que componen éxitos del éxito, los que tiran cable, los que enseñan y tocan; abogados que tocan, los que administran los solos, etc.

Yo ya grabé. Producción inédita y que tal. ¿Ven cómo me ufano? Y lo volvería a hacer. Pero sin la chisga las bandas no se foguearían permitiéndoles mejorar el nivel y su inteligencia musical que son múltiples. Todo sirve. Nadie sabe por qué o cuál es el motivo de tocar lo que se toca en algún momento en particular. Todo sirve. Consiste en oír dos veces y hablar una. Tanta producción de sialorrea demanda tratamiento médico.

Ahora, yo no me he ganado ningún premio local o nacional para no decir que es algo de qué ufanarse. Yo lo postearía todos los días en Facebook, sin embargo hay quienes por el hecho de haberlo recibido ya creen que la hicieron y sí, es cierto que se van acreditando pero eso no los hace menos orates.  

Repito. Hay crítica que es pura salmodia diabólica.

Monday, June 29, 2015

Ya fui Gay


Está de moda la barba y la maricada. Sí hay homosexuales. Obvio. ¿Pero tantos? No creo. Otro emprendimiento más de nuestra pericia cultural e industrial. Homosexualismo, desde Alejandro Magno y eso hace nada. Por supuesto siempre ha existido y nos lo ha mostrado la misma naturaleza en las diferentes especies y faunas. Hasta se puede convertir a alguien heterosexual en alguien homosexual por minutos si se quiere por medio de un procedimiento conocido como la “Centralita”, una costumbre entre espías para dialogar. Agua y electricidad con la ayuda de algunos fármacos y ya está. Experimentos con ratas, en fin. Los humanos somos ociosos. Pero llegamos a algo después de todo. Llegamos a la Moda, un término que sale de un área del conocimiento, La Estadística. Un patrón que se repite. Y dentro de ese patrón está la maricada. A esto me quiero referir con “maricada”, para irme contextualizando por si Narciso saliese a la esquina con una opinión reventada. Todos tenemos que caber en este planeta aunque la coyuntura actual por los derechos homosexuales me demuestre más una Efervescencia Colectiva que otra cosa. Cuando surge alguna idea o movimiento, hay cierta genuinidad al comienzo seguido por la sinergia generada entre los participantes por ende alterando y proponiendo nuevos estadios. Como en Shock Corridor  de Samuel Fuller. Un periodista intenta armar una historia en un hospital siquiátrico y vean lo que ocurre. Creo que he visto lo que tengo que ver con delirios de antropólogo perspectiva de la cual me ufano por querer analizar comportamientos en donde en particular éste, el de la Maricada, me pone taciturno en el umbral.

Tuve mi experiencia homosexual a una edad clave donde me pude haber sentido cómodo pero ahora la recuerdo como un evento de la pubertad el cual me lleva a sacar conclusiones. Incluso he llegado a pensar que soy gay y no he querido salir del armario. Pero soy muy cobarde en algunos aspectos como para admitirlo si así lo fuere. Además mi mamá no lo soportaría. Por eso mejor no. Seguiré soñando con” Raúl en el Baúl”.

La sicología juega un papel importante no obstante sin dejar de polarizar la situación de los que están en crisis. Tanto la orientación sexual de una persona como su personalidad la definen muchos factores del entorno al cual pertenece aunque muchos se pueden confundir emocionalmente precisamente por ese entorno que aprovecha circunstancias para lanzar marcas, ferias, güevonadas varias. Claro, nuevos empleos indirectos se crean y otros departamentos se benefician a través de este tipo de detonadores mercantiles. No está mal. Solo que hay mucho Fandango por ahí dando lora empañando la escena. Pero son útiles a la hora de generar fluido económico. Como sea. No hay tantos gays como parece. Ya se les va a pasar. Y a los que no, pues demuestren que no son tan precarios como los demás ciudadanos, contribuyentes y padres. Respecto a la sicología moderna por decirlo de algún modo, nos está confundiendo con sus conceptos de Ser Humano, qué es y qué debe ser. La genética y nuestra biología está hecha para que el pene entre en la vagina. Sin oscurantismos ni mucho menos. La Iglesia tiene su posición frente a la coyuntura y ellos defienden su patrimonio. Es lógico. Yo solamente digo que si la sociedad quiere inventar está en todo su derecho porque yo soy de los que piensa que eso  genera nuevas inteligencias y adaptaciones. Pero si nuestros cuerpos están diseñados con un pene y una vagina es por algo. Un animal no razona como lo hacemos nosotros llevándolo a tener actos homosexuales. Y un molusco menos. Es diferente. Nosotros poseemos esa facultad de pensar y analizar haciéndonos  diferentes. Por eso las maricadas como son. Somos Sociales. Socialmente vulnerables.


Salud por los gays y ese nuevo paso. ¡Pero ojo con la maricada!

Thursday, February 5, 2015

Paziyo

Una algarabía me despierta a las doce del día. Como cuando se está jugando un partido de fútbol, gente pujando y gritando celebra un acontecimiento. ¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Viva! ¡Por fin! Es lo que escucho mientras me voy incorporando con las lagañas de un sueño espléndido interrumpido que foco a foco dibuja un rostro a contraluz hasta reconocerlo. Despiértate hijo. La paz sea con vosotros. Y con tu espíritu. Le respondo. Mi mamá entera ahora sí. Me pone una taza de café a la mano y me avisa el almuerzo. ¡Por fin! ¡Por fin! ¡Sí! ¡Gracias Dios! ¡Hágale tómese eso y baje a almorzar! ¡Se firmó la paz! Mi mamá se va cantando la frase con la melodía prestada de una canción de Mercedes Sosa. Enciendo el computador, reviso el whatsapp y Facebook por rutina, doy un sorbo de café, y como un virus, La Noticia: “Se firma la paz en Colombia”. “Cese a las hostilidades, Colombianos se dan la mano en La Habana”. “Víctor Manuel Montaño al nobel de paz”. “¡Es un hecho! ¡Colombia se desarma!”. Esos y muchos otros títulos parecidos me demuestran que ocurrió algo importante. El sonido de la radio a todo volumen también lo reafirma. Me sacudo las lagañas, me rasco la barba y otro sorbo de café.

Ya en la sala con toda la familia y vecinos, es domingo, veo en la televisión La Comisión de Paz, delegados, diplomáticos, todos bajo constantes flashes, un despliegue de personas vestidas de guayaberas blancas con pantalones de lino, algunos con sombreros vueltiaos, boinas, banderas, brazaletes, alpargatas, otros descalzos por la arena de playa y la brisa de mar. No se ven armas. Como en un acto militar se ven todos, pero sin armas. Un helicóptero de la Cruz Roja Internacional en tierra con su hélice a toda marcha ventea guayaberas y chalecos de la ONU, USAID, CIDH, UNESCO, cual paloma de la paz revoloteando sus alas. Van dos horas y el almuerzo no se sirve. Todos pendientes de la situación, pues el Papa Francisco está por llegar. “…María Fernanda estamos viendo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y al gabinete de seguridad que ha desplegado el gobierno cubano, para el recibimiento del Papa Francisco porque la cantidad de curiosos que quieren tocarle la mano al sumo pontífice cuando pase su carroza puede ocasionar algunos desórdenes(…)” “Claro Juan Diego. La idea es que el Papa Francisco esté a eso de las tres de la tarde en La Mesa que ahora se ha trasladado a la playa Santa María del Mar, una de las playas más bellas de La Habana para ofrecer una pequeña misa y bendecir este acto tan esperado por muchos (…) No se muevan. Regresamos en breve”. Mientras daban paso a comerciales, se dio luz verde al almuerzo, y uno en especial salía cada dos o tres propagandas. Uno del presidente Montaño con pecho en alto dando un mensaje a Colombia de cómo de nosotros depende de que la paz tenga ruedas de verdad. Iba con música de coro vocativo de fondo en tonalidad mayor institucional. Se me hizo clara de huevo el ojo. Lloro cuando veo emotividad con música incidental. En Hashiko lloré como una María macarra. Ojalá en los semáforos los discapacitados pusieran música para la ocasión. Captarían más la atención de sus clientes. Empecé a darle picos a la cuchara con sancocho valluno hirviente de mi mamá y un comercial de Café Moro salía con un bambuco-pop y rostros bonitos, negros y bonitos, promocionando una edición limitada de su producto estrella donde se invitaba a probar y tener una nueva presentación en casa. En el empaque se leía “Tomémonos la mano. Seamos hermanos.” “Un tintico por la paz” remataba un actor de capos.

La tarde caía y mientras disfrutaba de unos buenos memes en redes sociales y leía discusiones acerca de la coyuntura, música de barrio oscilaba en el aire de domingo echado a perder. Ya iban casi ocho años desde que comenzaron los diálogos de paz en Cuba y por eso necesitábamos celebrar. ¡Colombia Campeón! Gritó un vecino y sonó pachito. La gente no tenía que ir a trabajar al día siguiente porque el presidente había declarado lunes cívico. Una horda de moto-ratones salen de la nada con perros cantaleteándoles detrás. En la radio hablaban del derecho de La Haya y el derecho de Ginebra. El segundo celebrado en el año de 1864 donde se estipulan condiciones de guerra las cuales velan por la integridad de los hombres en combate y donde la victoria no puede superponerse al acabar con el enemigo mortalmente. “Debilitamiento” es el término a usar en los encuentros que suceden a éstos. Mientras escucho el programa pienso que cualquiera que lo escuche o sepa del asunto dirá que el Derecho Internacional Humanitario no es más que otra biblia escrita por un cananeo medio hebreo. Precisamente desde el mismo momento en que decidieron congregarse para crear un manual bélico, se violó. Cuando se crea la Ley, surge la ansiedad de romperla. Factor humano clásico. “Tú eres mi hermano del alma…” entona el músico invitado del programa a guitarra y vos para refrescar la sesión.

El presidente de los Estados Unidos se pronuncia en cadena internacional para felicitar a su homólogo y al gobierno colombiano por dicho triunfo a la guerra y menciona que ojalá Cuba y su país logren descongelar las relaciones bilaterales porque no vale la pena seguir con mezquindades y odios heredados de nuestros antepasados. Saúl Castro desde la CELAC, Cumbre latinoamericana a la cual pertenece la Isla pide que sea levantado el embargo hecho a Guantánamo por parte de los norteamericanos como acto de buena fe y ganas de arreglar diferencias. Muchas cosas convergen en esto de haber firmado la paz me dije a mí mismo. Sí que es un avance tremendo. Pero los republicanos le van a hacer la vida imposible. La oposición no es que esté en contra de hacer pactos y acuerdos. Es más. Saben que así como se inventaron La Guerra pueden lucrarse también con La Paz. “Toda oportunidad de negocio parte de una incapacidad ajena de resolver un problema simple e inevitable” Emprendimiento. Los Juegos del Hambre. Mantener la paz también costará. Ya había visto mucha televisión y pasé a otras actividades.


Todo esto entre otras noticias de lo mismo hizo el ruido necesario y por unos días todos estábamos con cara de paz. Todo era paz. En la prensa seguía saliendo la fotografía donde sale una enorme fogata con todas las armas. Quise revisar whatsapp para chatear con mi novia pero al instante me di cuenta que me lo habían robado la misma noche de domingo en que se firmó la paz cuando fui a visitarla. Noche loca esa. Pero en general bien todo. No por eso voy a desacreditar todo el esfuerzo hecho por el gobierno. Ya se firmó qué hijuemadre. Solamente veía en mi cabeza la fogata esa con el puñal del tipo que me amenazó con él adentro.   

Friday, November 14, 2014

Big Band

Un, dos, tres, cua, el Triple Dance se postula en el aire tomado por contrabajo, batería y vibráfono. Se deja cocer. Huele bien. El “saseo” del hi-hat  junto con la insinuación de una posible melodía de saxofón hace que mis papilas gustativas se les enarbolen sus cilios transmitiéndole al cerebro contenido categorizado y éste a su vez se produce una imagen de sublimación. El fragmento que se ejecuta no da tiempo de liquidez por cómo se aglutinan plicas con notas de rubato, funciones de acordes echados a perder en presencia de un ácido. Mezcla que va de sólida a gaseosa con arreglos de brass fina y oportunamente propuestos en filigrana detallada por el orfebre delegado, quizá drogado, alcaloide notable aunque con usted no hable. Toda orquesta necesita su “Tangula”, su musa. La musaraña para el show.

El término en el colegio nos fue impartido en aula como una teoría. Big Bang. Como lo pronunciaban. Pero en realidad es Big Band. Una anomalía en la dicción y Boqui-toqui se quedó. La teoría es de singularidad. Un Tema al vacío. ¿Y qué hizo al Tema ser Tema? Pues se calentó. Estalló. Jimmy tosió la habichuela al de los bigotes que mangoneó los dedos por todo el mástil sin agarrarla y aceleró el paso llevándose consigo al de los tambores con Stevie idiofonizando una paleta de colores para pacientes de acromatopsia dispuestos a curarse haciendo uso de su bendita cóclea. Quien señala a Edy es una recomendación al inicio de la partitura pero Edy está ausente dirigiéndose al ensayo. La Forma queda a merced del llamao, del que se atreva a esbozar el tema con trombón si quisiese en jeta. Melodía rara esa. ¡Me produce sialorrea! Ya todo el ensamble está en furor. Gárgaras de saxo bajo a modo stacatto, trompetas con sordina, vibráfono, flauta traversa se tiran el tema, comentan sobre él, hacen variaciones, hay músculo. Óxido de hierro en el entorno. Suero y contenido proteico separados por zumo armónico, estoy como un colibrí, mi corteza cerebral está eléctrica, entra tema de The Razor’s Edge como medley. Listo el pase. Hay que conservar forma humana. Ya veo un poco de incorporados.

Las posibilidades de orquestación son infinitas incluso con las notas que no suenan. Hasta ese sonido que proviene de afuera de la sala, una trompa de mula transeúnte, aporta al color del acorde que acabó de sonar sirviendo de puente para el siguiente en inversión inestable, de cifrado ambiguo, perteneciente a la tonalidad del eje de Béla. Todos en el ensamble se están oyendo es de notar por la coherencia de los solos. Se pisan los cojones a la vez que se sirven de membranas donde reposar sus tensiones si de resolver se les antojara con el primer grado sustituido. Puro brass suena. El músculo ahora es flácido como carne de obeso. Un obligao compuesto por un moribundo tambalea por la cuerda con nitroglicerina abordo. Hemiolas, tresillos, sextas, segundas, unísonos, claqueteo de llaves, saliva y tudeles pendientes avisan el signo. “Anoréxicas y obesos” expectantes... Tema.

Silencio. Vital. Otro buen recurso  que en música lo escribimos como lo que puede sonar en algún momento, tesoros, golosinas bajo llave en dominio ajeno para evitar rebote por ingesta excesiva de las mismas. La pastosidad de un contrabajo en la estepa del papel mudo, de su papel en la orquesta, es de una cualidad taciturna por cada cuerda pulsada acompañada de un herrumbroso Ride lloviéndole entre figuras. Con el sonido dándome vueltas la cabeza pienso en el despliegue armónico y humano como si fueran mis dedos los que digitaran un diapasón enorme producto de una afasia descriptiva por ende imposible de compartir salvo alguna excepción respecto a dejar de ser masa. ¡Maldita sea! Hay algo que la está generando. Esas jodidas ideas sacadas de los desagües cómo suenan. Tengo un sabor a metal que no se me va y la menta es inútil. Me chupo una cada vez que puedo pero nada. Me quiero volar los sesos. No sé si al escuchar una cosa más me esté haciendo más sordo. No reconozco esos acordes. ¡Qué paranoia! Están acabando ya es la coda. Me zumban los oídos.

Big Band no traduce “Banda Grande” ¡Por el amor a Odín! Traduce Grande Exposición de Ideas que en proporción especulan tema, estándar, forma, tesitura, dinámica, sonido, ritmo, creación. La experiencia de recibir todas la frecuencias juntas de cada instrumento en un solo recinto, con la mera acústica amplificando. Ya sé por qué hay tanto purista. Me gusta lo que pasa por hardware pero oír a la Banda con el sonido que puede dar, que es suficiente, es por divertido estridente. 

Friday, February 14, 2014

Outsider

No he estado muy inspirado en estos últimos veintitantos onomásticos. Más bien distraído.
Padezco una enfermedad de la que no me quiero curar por beneficios introspectivos:
Raciocinio especulativo inducido por una fuerza x ejercida por alguna esfera o materia
oscura… o qué va, simplemente soy un conejo de indias de una red inteligente de humanos
de la estirpe de esos que crearon a Dios, La Música, El Infierno, La República, El Amor.
Pitagóricos que grabaron en nuestro corazón el número de serie con el que se mueve la
naturaleza.

Perderse en una comida desnuda donde emergen ruidos para generar una reacción en
cadena de movimientos ondulatorios y frecuencias irregulares como chasquidos, tintineos
de losa, diafragmas contrayéndose, guargüeros decantando, sorbidos, alarmas de carros y
relojes de pulsera, voces de ganado vacuno, manifiestos de hambruna y placer
gastronómico o de opiniones divergentes según su tesitura; miradas inquisitivas, de
morbo, de enfermedad erótica, otras no tanto, más bien de asco al cruzarse a través de la
mesa color cedro tratado donde se ven figuras rupestres que no alcanzaron a irse después de
pulirse el lote de aquella madera doméstica, un ladrido de perro llegando del viaje entre
cuadras, parece una queja, no le gusta quedarse solo, amarrado, mientras el gato se pasea y
se le va robando de grano en grano su concentrado, las sillas arañando el suelo imitando
una escala cromadifusa, el desagüe de una tubería cercana, el Aliento de una Maldición, la
idea de estar en un décimo piso en una estructura que se balancea por vientos provenientes de
varias direcciones, rebote aleatorio contra demás edificios, también balanceados por otros
aires… en fin. Qué cantidad de movimiento e información por cada segundo gastado para
apenas percibir un atisbo de la gran Célula Rítmica que sólo del Punto Quieto puede venir.

Cualquier musaraña para sacarle el número de las entrañas me genera adicción
especializándome en un nuevo prejuicio, en nueva justificación a mi ortodoxia
licenciosa: Mi cáncer incurable, un lenguaje fraccionado. Aracil (1986) dice:

    Si observamos nuestro entorno vemos que estamos inmersos en un mundo de sistemas.
    Al considerar un árbol, un libro, un área urbana, cualquier aparato, una comunidad social,
    nuestro lenguaje, un animal, el firmamento, en todos ellos encontramos un rasgo común:
    se trata de entidades complejas formadas por partes en interacción mutua, cuya identidad
    resulta de una adecuada armonía entre sus constituyentes, y dotadas de una sustantividad
    propia que transciende a la de esas partes; se trata, en suma, de lo que, de una manera genérica,
    denominamos sistemas. (p.13)


Somos un sistema dinámico y así es como funciona. Pero me obsesiona el detalle. El
primerísimo primer plano. El mugre de la uña. Los sonidos anclados a los objetos. Tu pelvis que
viene y va.

Estoy relegado a un rincón conectándome no sé a qué, ni a quién, esperando nada, ansioso de
algo, como esperando una promesa, un susurro ontogenético, una melodía concreta, una
sonoridad diegética y decorativa a la secuencia cinemática que llamamos vida, capturada por
muchos en las diferentes áreas del conocimiento llegándose a preguntas cada vez más absurdas
no por eso menos útiles al incentivo-colectivo-adictivo de la curiosidad humana también necia
por catalogar la especie, mi especie, sapiente, sapiente. No hay sistemas aislados aunque seamos
individuos. “Nuestra forma de pensar es analítica y nos lleva, casi sin darnos cuenta, a dividir lo
que en realidad convive en armonía” (Trujillo, 2005, p.14). Es natural. Mi patología es
natural. Soy un ser biopsicosocial siendo éste un proceso integral: biológico, sicológico y social.
Mis aberraciones, inseguridades, obsesiones, incredulidades, destrezas, no son más que la suma
de las partes de mi contexto particular otrora configurose incluso programándose aún está con
cada experiencia, modificando su forma mas no el perfume producido a través de este cuarto de
eje, 76,5 grados longitud oeste, exponiéndome a la luz para reflejarme en otros o por qué no
reconocerme en otros bien sea por las leyes de Mendel o las leyes de mí.


                                                                     

 REFERENCIAS


Aracil, J. (1986). Maquinas, sistemas y modelos
       Madrid, España: Editorial Tecnos S.A.

García, T.S. (2005). Entremeses Teológicos
       Bogotá, D.C: Digiprint Editores

Monday, November 11, 2013

Una Mujer




De perfil mirando hacia nada por el balcón, sentada, en una butaca, masajeándose con su mano izquierda y su pulgar la planta de su pie, totalmente exhausta, la observo; ora de su boca humo sale y me llega un poco pues se filtra hacia la pequeña salita donde estoy turbando un poco la preocupación de su rostro que le acompaña desde hace 25 años, cuando por primera vez compró su primera de Royal, que uno por día, al llegar del trabajo y dejar los tacones, encendían su ritual, su oráculo, su única pausa en las 20 horas siguientes de compromisos y rutina de mujer madre-divorsiada-cabeza-de-familia. Era el momento en el cual sus pensamientos más inconfesables surgían como cuando se está por formar una borrasca y en el que meditabunda en su calma antes de su tormenta, tapo, tacho, tiempo, “Ayúdame Dios mío, dame fuerzas (…)”, se preguntaba “¿Por qué? ¿Por qué? Si fui tan buena hija (…)”. Desde mi lugar hago tales cavilaciones. Entonces la veo besar medio cigarrillo alejándolo con desidia de su boca hasta presionarlo suavemente, de a toquecitos, en una maseta vacía donde yace un hilo de humo que parpadea hasta desaparecer junto a otras tantas colillas con la huella del labial de esos labios que jamás usaría de nuevo excepto sólo para articular plegarias y súplicas al reino de los cielos declarando en cada comienzo de jornada, al gastar sus cuatro horas de sueño: “Bendice este día Dios mío. Dame fuerzas.”  
    
Siempre que suena el teléfono es su jefe. Algunos cheques y unas cartas habrá que alistarle. Es domingo. Dice que es urgente. Ella deja su qué hacer de ama de casa y sale para la oficina. Siempre que sucede eso, pues es muy común, su preocupación aumenta no viendo la hora en que le pidan la Caja Menor y no coincidan los registros del dueño con los comprobantes de ingresos. Aunque ella siempre piensa en todo previendo un suceso así acomodando la contabilidad. Mujer madre-divorsiada-cabeza-de-familia. No obstante nunca robó. El día de su liquidación devolvió todo. Lleva años en esta empresa trabajando 20/7 por el mismo sueldo y los mismos halagos de la secretaria perfecta; pero los mejores cumplidos son los que se endosan en un cheque le dijeron una vez siendo este tal vez el motivo para disponer de dineros ajenos.
Esta mujer no es solamente la que está pendiente de todo en la oficina sino también de los gastos familiares del tipo jefe, labor que sin darse ella cuenta le adjudicó. Pero no quiero hacer de este texto una novela ni un homenaje nadie. “A veces de una línea surgen películas enteras…” simplemente comparto este Acorde para que suene.

Lo que a través de los años la relación jefe-secretaria pareciera un perfume de otra cosa, sólo lo saben sus corazones, cada uno con un interés particular. Esta mujer vive en la oficina y trabaja en la casa al igual que su jefe. Comparten mucho tiempo juntos, trabajando, y es la pura verdad. No hay demostraciones de afecto o un mal chisme que los pudiera delatar. Fines de semana entre cheques y cartas, semanas de trabajo duro, días de viaje del jefe, no dejan hacer nada más que pensar en producir y firmar papeles. Cuando esta mujer recibe una llamada de su jefe duran horas en línea –añado que tienen un número privado sólo para asuntos de la Oficina–. La recoge a la hora que a él se le antoja pues siempre anda de afán o necesita algo urgente. Aquí no hay nada tácito porque no hay nada que suponer. La perspicacia de estos dos personajes cuando se lanzan miradas furtivas entre reuniones hace pensar en una consulta clínica. Él quizá sospecha de su secretaría cuando hacen ajustes de Caja pero jamás se lo hace saber por la antigüedad que ella tiene en la empresa y por lo que le costaría sacarla. Además está al tanto de todo. De todo. Es muy valiosa. Mejor “mala conocida”. Ella por su parte se ha propuesto a ser indispensable. Tiene café hecho para cuando su jefe llega por la mañana y hecha unos vasos demás por si llega con visita. La Oficina queda en una lomita cerca a una cantera de explotación de roca y siempre hay polvo en el aire. Ella mantiene con un trapito. Hay tres empleados. El vigilante que vive ahí mismo, un perro viejo con verrugas en las patas que se gana su comida por dar miedo y Ella, su compinche y a veces molesta secretaria. Los dos tractocamiones de transporte de carga que tiene el jefe por empresa dan para pagar no más de tres contando con sus gastos personales, pues tiene a cargo una esposa demandante, tres hijos, un perrote y una que otra mosita por ahí. Ella, su secretaria sabe las responsabilidades que tiene su jefe provocándole cierta rabiecita su coqueteito con jefas de otro local. Por eso se hace uno que otro prestamito para cobrarse todos estos servicios extra que van desde conserje, monja, hasta relacionista pública. Es por eso que siempre me gusta verla por la salita cuando llega a su casa, se quita los tacones y enciende su cigarrillo mientras se masajea sus pies. Para imaginarme la vida de esa mujer infinitamente sola y guapa a la vez perdida en el mundo.